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Voluntad

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Voluntad…

Qué curiosa palabra…

¿¡Voluntad dices!?

¿Qué quieres que te diga?

En serio. 

Dime qué quieres que te diga.

 

A ver… pues…

No debe de estar en mis brazos de madera,

Ni en mis rodillas… éstas no son mías…

Mi mirada no cuenta… siempre fija en la del otro.

Mi mirada, ja,… hablemos de la suya…

 

Sé que no debe de estar en la mano que me empuja por la espalda.

Ni en las mujeres que se me aparecen observándome

cuando tomo una decisión,

recordándome que tome la que tome, les defraudaré.

¡Cómo si necesitara recordatorio…!  Ja.

 

También hay hombres

esperando a que los agrade…

Con sonrisa de lado.

Con gusto sibarita.

Con mirada soberbia.

Con poca paciencia.

 

Voluntad…

Perdón, me hace reír la palabra.

 

 

 

Voluntad…

No… No la veo.

Quizás… quedó diluida, como mi personalidad,

En ese charco que pisa…

Dígame usted…

Y de paso… si puede, no lo pise… bueno, si quiere… cuando pueda…

Si es que le gustaría pisar en otro sitio, claro.

 

En fin…

Voluntad. Quizás… no sé…

Quizás está aún ahí, en algún rincón,

sorprendida, como yo, de que la nombren,

de que la busquen…

Tan deformada por el molde,

Que ha olvidado su forma.

 

Espera… esa palabra… 

 

“M O L D E”

 

¡Ésa sí sé bien lo que es!

Es la seguridad de lo que duele siempre igual

Es la marca cincelada, grabada en mi pecho y en mi espalda

Cargando mis hombros,

Pesando en mis ojos. 

Tan familiar… y tan y tan pesada…

La madre de esta marioneta siempre lenta

Siempre esperando órdenes… Siempre

Obediente. Deforme. 

Seca. Dura. Cobarde.


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